Muy buenas, queridos lectores.
Hoy me ha costado particularmente despojarme de mi uniforme de Solucionadora Enmascarada, y os juro que no tiene nada que ver con si me queda más o menos justito que hace unos días, aunque con este calor que asola la península, la ropa ajustada se convierte en algo particularmente engorroso, por chula y fardona que sea.
Y digo que hoy me ha costado más vestirme de ciudadana anónima porque he vivido un momento algo frustrante al intentar hasta la extenuación solucionarun problema de uno de nuestros usuarios. Esta persona intentaba que, de alguna manera imposible, hiciera un sortilegio y esgrimiera una suerte de barita mágica de la que aún no se nos ha dotado para afrontar las gestiones más complicadas y darle la solución que esperaba en el tiempo que exigía. Al parecer la puerta del parking del hotel en el que se alojaba un turista francés se había desprendido por un mal uso, cayendo sobre el vehículo de este justo cuando salía hacia el aeropuerto para tomar el vuelo que lo devolvería a su hogar, dañando su vehículo, bloqueando la salida y, por supuesto, retrasando su llegada a la terminal.
He seguido los protocolos adecuados contactando con la compañía de seguros que enviaría a los operarios para, por un lado, desmontar la puerta estropeada y desbloquear la salida, y por otro, retirar el automóvil dañado. Pero todo ello lleva un tiempo de actuación que, ya comprenderéis, se escapa a nuestro control.
Si bien es cierto que se nos forma para afrontarlos problemas peliagudos de muy diversa índole a los que se enfrentan quienes llaman a los teléfonos de nuestros clientes buscando ayuda, desgraciadamente nosotros ni hemos estudiado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, ni tenemos auténticos superpoderes, ni manejamos bolas de cristal. Nos conducimos cada día con algo tan sencillo e importante como grandes dosis de empatía y formación en aquello para lo que trabajamos, con renovada ilusión cuando, tras cada llamada en la que se nos despide dándonos las gracias, sabemos que hemos contribuido a la tranquilidad e incluso a la felicidad de quien marcó el número de teléfono que le llevó hasta nosotros.
Por eso, por conseguir ese bienestar y satisfacción, los miembros del equipo de trabajadores de SVAE nos hemos conjurado para hacer nuestro trabajo de la mejor forma posible, para cumplir con creces con las expectativas de nuestros clientes y para ser merecedores de la confianza que han depositado en nosotros. Y también para lograr que quien llama a alguno de los números que podemos atender sienta, al colgar, que en este mundo aún quedan personas dispuestas a emplear su tiempo y su energía en ayudar a los demás.
Pero no siempre es tan sencillo. En justo equilibrio, solo pedimos que se nos ayude a ayudar. Que quienes llaman comprendan que simplemente somos intermediarios entre su problema y la solución, que los clientes que contratan nuestros servicios nos faciliten el servicio y nos allanen el camino, y que nos den las directrices adecuadas lo más exactas posible y los medios necesarios para que podamos conseguir que se sientan seguros y bien respaldado, sabiendo que estamos ahí las 24 horas de los siete días de la semana, los 365 días del año.
Si nos ayudan a ayudar prometo que, como cada mañana, me enfundaré en mi uniforme de súper-heroína con la certeza de que conseguiré regalar una sonrisa a todos y cada uno de los usuarios que atienda en las gestiones que se me presenten en mi turno.
Siempre vuestra, Magdalena Talleres
la Solucionadora Enmascarada.












